Hay visitas que se convierten automáticamente en una fiesta para los sentidos. Eso fue exactamente lo que vivimos en nuestro centro con la llegada del alumnado y el profesorado del CPIA Serramanna, un centro de educación de adultos que viajó desde la isla de Cerdeña (Italia) directo al corazón de nuestra comunidad educativa. Si algo nos está enseñando nuestra faceta como anfitriones de proyectos europeos, es que el verdadero intercambio ocurre cuando las culturas no solo se miran, sino que se abrazan y celebran juntas.
La semana estuvo marcada por una energía desbordante. Algeciras se convirtió en el escenario perfecto para ellos; no solo recorrieron sus calles y se alojaron en el céntrico Hotel Octavio, ideal para sumergirse de lleno en la vida de la ciudad, sino que también cumplieron con paradas institucionales obligatorias, como la recepción en el Ayuntamiento de Algeciras.
Sin embargo, el verdadero "duende" del encuentro nació de las experiencias compartidas dentro y fuera del aula. En el plano académico, nuestros compañeros italianos mostraron un enorme interés por desgranar el funcionamiento de nuestro sistema de Educación Permanente. Además, la conciencia medioambiental y el espíritu crítico se hicieron un hueco prioritario gracias al profesor Antonio Vegara, quien ofreció una reveladora ponencia dentro del plan de Cultura Emprendedora. A través de sus palabras, los docentes y alumnos de Cerdeña conocieron el gran desafío ecológico que supone el alga invasora Rugulopteryx okamurae en nuestras costas, abriendo un interesantísimo debate sobre la sostenibilidad europea.
La música y nuestras tradiciones terminaron por sellar una alianza cultural inquebrantable. Tras una obligada e inspiradora visita al Centro de Interpretación Paco de Lucía para rendir homenaje a nuestro maestro más universal, el flamenco cobró vida propia en un espectáculo en directo que dejó a la delegación italiana con la emoción a flor de piel.
Pero el broche de oro de este intercambio fue, sin duda, un hermoso "guiño" temporal. Aprovechando que la feria soplaba ya muy cerca en el calendario, decidimos que nuestros invitados no podían marcharse sin vivirla en primera persona. Dicho y hecho: ¡transformamos nuestro propio colegio y montamos nuestra propia feria en el centro! Entre farolillos, música, platos típicos compartidos y un ambiente de alegría contagiosa, demostramos que la educación de adultos es, ante todo, un espacio para convivir y ser felices.
Nos despedimos del CPIA Serramanna con la satisfacción de haber sido cómplices de su asombro y con la certeza de que el aprendizaje ha sido mutuo. Grazie mille por vuestra luz y vuestro entusiasmo. ¡Algeciras y el CEPER Al Yazirat serán siempre vuestra casa!




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