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domingo, 15 de febrero de 2009

COMIENZOS DEL FERROCARRIL EN ALGECIRAS



La construción de la línea Bobadilla-Algeciras se encuentra entre las más tardías de España. La primera en ponerse en funcionamiento fue la de Barcelona-Mataró, el 28 de octubre de 1848.
A principios de 1887 se presentó en el Congreso, en Madrid, una proposición para la construcción de un ferrocarril entre Bobadilla y Algeciras. La concesión fue para la sociedad inglesa de los Sres. Greemwood y Compañía y fue traspasada de inmediato a la recién fundada Algeciras-Gibraltar Railway Company Limited. El gobierno le concedió una subvención de 10.900.220 pesetas.
Como ingeniero jefe de su construcción llegó a Algeciras un escocés, Mr. John Morrison, quien dos años más tarde fue nombrado Director General de la Compañía. Por su desinteresado afecto a esta ciudad y sus donativos, tanto en metálico como en materiales para la conservación del pueblo, pronto se ganó el cariño de los algecireños, que de una forma cariñosa le llamaban Juanito Morrison. El pueblo en agradecimiento decidió poner su nombre a la hasta entonces llamada calle Alta. Al cumplirse centenario de la inauguración de la línea, la Asociación de Amigos del Ferrocarril colocó como homenaje a su persona una placa conmemorativa en la calle que lleva su nombre .
El primer tramo en terminarse fue Algeciras -Jimena de la Frontera, que se inauguró el 6 de Octubre de 1890, al mismo tiempo que la antigua estación de Algeciras. El segundo fue Bobadilla-Ronda, el 7 de septiembre de 1891 y por último, el tramo Ronda-Jimena de la Frontera. La línea se abrió al tráfico en su totalidad el 26 de noviembre de 1892.


Teresa Balongo
Plan No Formal Patrimonio Andaluz

martes, 25 de noviembre de 2008

AYER Y HOY DE LA GASTRONOMÍA ANDALUZA

En este mundo globalizado en que estamos entrando, hay muchas cosas del mundo individualizado que están desapareciendo, o mejor dicho, se están diluyendo sencillamente porque lo global anula lo individual. Pero esta afirmación solamente con cierne a temas, proyectos y actuaciones con repercusión mundial, pues hay otros que representan unos valores más individualizados, más personales, que perdurarán para siempre, y siempre serán un referente para la humanidad, deseosa de perpetuar su historia y conservar sus tradiciones.
Pienso que dentro de esos valores tradicionales, podemos considerar la gastronomía, actividad, profesión y en alguna de sus manifestaciones, como la Cocina, arte, algo que no sucumbirá a la globalización por muchas corrientes que existan en este sentido, mostrándonos productos y la forma de elaborarlos, que suelen dar la vuelta al mundo para satisfacer una de las primeras necesidades del hombre, que es alimentarse, pero que a la vez se ha convertido en uno de los mayores placeres para la humanidad.
Es a propósito de esto, que he mencionado la gastronomía, pues es una de las identidades individuales de muchos pueblos, que por mucha influencia o implantación que tenga una forma globalizada de alimentarse, utilizando también productos que respondan a estos principios, el hombre siempre se identificará con lo tradicional y lo artesano, pues lo que es arte, no puede estandarizarse ni hacerlo impersonal.
Al aceptar estos principios, en este breve comentario quiero aprovechar para mencionar la gastronomía andaluza, por ser su cocina una de las más ancestrales al mismo tiempo que de las más modernas, pues ha sabido, al mismo tiempo que conservar lo antiguo, acoger y crear una línea de cocina moderna, para satisfacer todas las tendencias y los paladares más exigentes.
Y hablando de Andalucía tengo que decir que hay autores y escritores que han dicho que en Andalucía no hay cocina, sino solamente el “pescaíto frito y el jamón”. Nada hay más erróneo y malintencionado. Andalucía ha sido una encrucijada de civilizaciones, y por tanto, de culturas, y hay que ser muy ignorante para no saber apreciar que dentro de la cultura de un pueblo, la gastronomía ocupa una buena parte de la misma, y cada una de las que un tiempo habitaron en Andalucía, trajeron y adaptaron productos para su alimentación, creando una cultura alimentaria que hoy llamamos Gastronomía.
Es un verdadero placer conocer todas las provincias andaluzas y adentrarse en sus más remotos lugares; en sus sierras, en sus zonas rurales, para conocer de primera mano esa cocina ancestral, el mimo con que se elaboran esos platos de caza, de verduras, de corderos y cabritos, sus variedades de setas, y no digamos si llegamos a sus costas, donde podemos encontrar los mejores pescados y mariscos, y por supuesto, el jamón ibérico de bellota, de cerdos ibéricos criados bajo enormes alcornoques, alimentándose con sus bellotas, y que es una de las identidades de Andalucía, que para envidia de muchos, ha sido la precursora, por la forma de alimentarse, de la nunca bien ponderada “Dieta Mediterránea”. Lo mismo que el paisaje, el clima, la claridad y el sol enamoran, en cada provincia, contando con un poco de sensibilidad gastronómica, también su cocina enamora, tanto si se busca cocina ancestral, como la moderna que ofrecen sus grandes cocineros, que han sabido ponerse al día e incluso por delante de los clásicos europeos, para crear estilo propio y deleitar a sus comensales, sin dejar de presumir de ser andaluces.
Luis Martín Martín
Plan Educativo Nuevas Tecnologías

JOSÉ ROMÁN, UN ARTISTA ALGECIREÑO


Después de leer este artículo podrás darte un paseo por Algeciras y ver algunas de las muchas obras escultóricas de este algecireño.
José Román Corzanego nació en Algeciras el 23 de septiembre de 1871. Su casa natal está en la esquina entre la calle Ancha y la calle Blas Infante, hoy Mc’Donalds, donde podemos contemplar una placa conmemorativa en la fachada de Blas Infante.
Fue un célebre escultor, dibujante y escritor. Murió en Madrid el 9 de febrero de 1957.
En 1920 obtuvo el primer premio de escultura en la exposición Regional de Granada con su obra “El Mestizo” que donó al Ayuntamiento, hoy desaparecida.
Para Algeciras hizo el busto del insigne médico Ventura Morón, que está colocado en la plaza que lleva el nombre de su cuñado Joaquín Ibáñez, donde estaba el hospital de la caridad, hoy Casa de la Cultura.
Para Algeciras hizo también varias obras de carácter religioso. Un Cristo amarrado a la Columna que se encuentra en la Capilla de Europa, un Cristo Yacente para la Cofradía del Santo Entierro que está en la Iglesia de Nuestra Señora de la Palma y un Cristo de la Expiración que se encuentra en la Parroquia de San García Abad. También hizo dos Dolorosas que han desaparecido. La única obra en piedra fue un San Isidro que tampoco se sabe donde está.
Hizo la decoración para algunos edificios y se encargó de la ornamentación de la ciudad para el recibimiento de las tropas que volvían de la guerra de África.
Realizó una caricatura de Juan Belmonte que se encuentra en la carretera hacia Tarifa, la llaman “La piedra de Belmonte”.
En el parque de las Acacias se conserva “La Ninfa de la vendimia”. Mal sitio, pues allí está expuesta al vandalismo y ya ha sufrido varios deterioros. Con las pocas obras que se conservan de este ilustre algecireño, en su ciudad natal deberían conservarse en un museo. Sobre este particular ya ha llamado la atención el Ateneo de Algeciras. Nos unimos a esta llamada.
También destacó como escritor costumbrista. Del tiempo que vivió en Granada, son sus mejores obras escritas.
En 1921 fue nombrado HIJO PREDILECTO DE ALGECIRAS.

Grupo Plan Educativo
Patrimonio de Algeciras
UN INGENIERO MILITAR QUE QUISO CAMBIAR ALGECIRAS
D. JORGE PRÓSPERO DE VERBOOM, MARQUÉS DE VERBOOM

Pocos saben la importancia que para la ciudad de Algeciras tuvo la figura del Marqués de Verboom, cuyo retrato podemos ver en el Museo Municipal de Algeciras.
Español de origen flamenco nació en Bruselas en 1667. Sucedió a su padre en el cargo de Ingeniero Mayor de los Países Bajos en 1692. Fue un famoso ingeniero de la época que participó en numerosos sitios militares, dirigiendo los trabajos de zapa y minado en Namur (1695), Barcelona (1713-14), Messina (1718) o Gibraltar (1727).
En 1709 el rey Felipe V encarga al marqués de Verboom la organización de los ingenieros militares españoles dando lugar así al Cuerpo de Ingenieros en España.
En 1715 construyó la Ciudadela de Barcelona, asimismo Felipe V le ordenó proyectar un barrio en el puerto de Barcelona, en una zona insalubre llamada Marvelle, hoy la Barceloneta.
Entre 1717 y 1718 participó en la expedición española (Cerdeña y Sicilia) dirigiendo el sitio de Messina, y recuperó la Seo de Urgell. De 1721 a 1727 realizó importantes obras militares en España, entre ellas los planos sobre la defensa de Ceuta y la línea de la contravalación de Gibraltar, hoy Línea de la Concepción.
Entre 1731 y 1735 trabajó en el diseño de una nueva ciudad para Algeciras, realizando sobre el solar en el que hoy se asienta el trazado más moderno y coherente del que hoy podemos disfrutar: la Plaza Alta y las calles colindantes como Regino Martínez, Sevilla, Alfonso XI y sus perpendiculares.
En noviembre de 1737 fue ascendido a Capitán General de los Reales Ejércitos.
Murió el 19 de enero 1744 a la edad de 77 años, siendo gobernador de la ciudadela de Barcelona.
Algeciras cuenta con una plaza con su nombre inaugurada en marzo de 2007. Esta plaza es el mayor espacio existente hasta el momento en el centro de Algeciras, situada entre los edificios Plaza Mayor, centro Blas Infante y parque María Cristina.

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AÑORADA PLAZA DE TOROS, LA PERSEVERANCIA

Debe este sonoro y significativo nombre al empeño y esfuerzo que dedicaron los algecireños en su construcción. Desde 1765, a petición de los frailes mercedarios, con objeto de recaudar fondos para la construcción de la capilla del Convento de la Merced, comenzaron a celebrarse en Algeciras las primeras corridas de toros. Entonces se concedió licencia para que durante tres años se pudiesen celebrar ocho corridas anuales. Las primeras, como no había plaza de toros, se realizaron en el patio del matadero.

Posteriormente, los festejos se celebraban en la Plaza Baja, actualmente plaza de abastos.
En 1850, se celebró la primera Feria Real de Algeciras y se hizo evidente la necesidad de tener una plaza de toros acorde con la dignidad de esta feria.

El pueblo algecireño demostró su afición por los toros desde el principio. Por eso en 1851 se levantó una plaza provisional con tapia de mampostería y graderío que se conservó hasta 1860. En el mismo lugar se iniciaron las obras de la futura plaza de toros La Perseverancia.

El Ayuntamiento cedió el terreno y el pueblo colaboró según sus posibilidades, con dinero o con su trabajo, y así consiguieron que se inaugurara el 2 de junio de 1868 con una corrida en la que intervinieron los toreros El Gordito, Chiclanero y Lagartijo.

El nombre de la plaza, La Perseverancia, por tanto se debe al empeño de todos los algecireños de aquella época por tener una auténtica plaza de toros.
Tenía planta poligonal con dieciséis lados, de mampostería con las últimas gradas de madera y cubiertas por una arquería apoyada en columnas de piedra. Su aforo era de unos seis mil quinientos espectadores.

Por ella pasaron las mas notables figuras del toreo, como Belmonte o Lagartijo, quien en una ocasión dijo: “… el año que no me visto de luces en Algeciras, me parece que no he toreado”.

Hasta que sucedió lo imperdonable: “ Y cayó después de un largo siglo” según el que fue cronista oficial de Algeciras, don Cristóbal Delgado. En 1975 fue demolida justificando esta grave afrenta al pueblo algecireño, seguramente desconocedor de su historia, por el hecho de haberse quedado pequeña. Así Algeciras ha perdido probablemente el monumento mas entrañable y querido por el pueblo.


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